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Mar 19, 2026 | REVISTA

✦ La ética aporta equilibrio y carácter ante el avance tecnológico

Millán Berzosa

Consejero independiente y patrono, autor de Gobernar con lo que viene (LID Editorial)

Ante el panorama de disrupción tecnológica, complejidad organizativa y presión reputacional, es tiempo de poner en valor aquellas compañías y líderes comprometidos con la ética. En la alta dirección y en el consejo, la ética conecta con las consecuencias últimas de las acciones, con preguntas como ¿por qué elegir este desarrollo tecnológico? ¿Por qué validar este partnership? y ¿para qué? Más allá de las normas y reglas estándar, la ética mejor entendida conecta con la conveniencia última de las mismas, con la honestidad y la integridad. Si atendemos a la tecnología, diríamos que la ética es el carácter mejor entendido, como marca de cómo debemos proceder ante cada avance. Para poner en valor decisiones que aporten coherencia, con equilibrio para el negocio, que anticipen escenarios ante todo lo que viene. 

En el seno del consejo y las juntas de dirección, el salto de responsabilidad conecta con los dashboards, el lugar donde se agrupan los datos clave. Datos que deberán ser de cuanta más calidad, mejor, depurados y a la vez anonimizados. Tableros de control de base tecnológica que funcionan como termómetro y como radar: para conocer, y en detalle, dónde, de qué manera y cuánto sucede aquello que suceda; para ver si somos más o menos vulnerables, y para anticiparnos ante situaciones sobrevenidas. Así obtendremos un resumen fiel a la realidad de cómo evoluciona el negocio, cuánto se cumplen los objetivos y dónde están las desviaciones principales que requieren afinar la estrategia y revisar el esquema de control de riesgos. Ese afinamiento y esa revisión y supervisión compete a los líderes de las organizaciones. 

La digitalización avanza de manera imparable, y la apariencia de que la inteligencia artificial y los sistemas de agentes son capaces de actuar por sí mismos y con criterio en base a objetivos definidos, está por todas partes y se escucha mucho en el discurso más comercial. Esta perspectiva es relevante porque si atendemos a los tableros de control, y si pensamos en eficiencia, hay que visualizar esquemas con un diseño híbrido automatismos-humanos y que sea tal que permita su uso sucesivo sin rehacer el trabajo cada vez. Porque una cosa es la apariencia y otra la exigencia de calidad. Hablamos de esquemas flexibles y que puedan expandirse y reutilizarse con variantes. Y de datos que a su vez sean siempre recuperables, con metodologías de acceso escalables, y con esquemas de codificación que den sentido a los diferentes frentes, desde operaciones y negocio, hasta el ámbito de la narrativa pública de la empresa o incluso de clima organizacional, con el poder de automatismos más y más potentes. 

Los datos, para muchos petróleo del siglo XXI, ganan valor cuando llegan con vínculos y esquemas ordenados, empujados además por automatismos que los conectan entre sí y dan señales que nos lleven a anticipar riesgos de inversión, reputación y de sostenibilidad. Con integración de datos externos de agencias de calificación crediticia, datos sectoriales o informes con escenarios geopolíticos, y al final, de manera visual, para acercar la posibilidad de comprensión para aquellos que, sin ser técnicos, deben tener una visión de todo el conjunto. 

Es habitual y muy relevante encontrarse con los benchmarks, medidas de referencia que permiten comparativas de rendimiento, riesgos o prácticas de la empresa, para evaluar si los resultados están en sintonía con la industria, si hay brechas de eficiencia y margen de mejora de calidad y desde luego, favorecer la contextualización de los datos internos. Pueden ser internos, comparando variables dentro de una misma organización, o benchmarks competitivos, poniendo en confrontación lo que hacen nuestros pares. Pueden incluso ser funcionales, para comparar procesos similares entre organizaciones de sectores diferentes o empresas no competidoras directas, y pueden ser generales o transversales, independientes de todo sector y facilitadores de analizar mejores prácticas. Un ejemplo de benchmark es el que nos informa del grado de protección de las infraestructuras digitales, para ver la fortaleza o debilidad en términos de riesgo de ciberseguridad. Los benchmarks financieros por su parte comparan ratios como la deuda o el resultado operativo frente al promedio de empresas o, por ejemplo, comparan también con una cesta de valores o con un índice. El universo de benchmarks incluye de manera destacada benchmarks de reputación, con procesamiento de información resultado de preguntas específicas a los grupos de interés, y benchmarks de sostenibilidad, para comparar el desempeño ambiental, social y de gobernanza frente a referentes específicos. 

Y entre tableros de control y medición, tenemos a los líderes, que tienen que desplegar su mejor carácter para lograr el equilibrio entre lo automático y lo humano, por convicción o por obligación. Con la esperanza de que el liderazgo sea más estratégico que reactivo, bien sustentado, por delante de la regulación y con una responsabilidad a la altura de los tiempos.

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