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Feb 20, 2026 | REVISTA

✦ Economía circular: cuando el reciclaje fija empleo y aporta riqueza en la España despoblada

Luis García-Torremocha

CEO de Movilex

La transición ecológica suele abordarse desde grandes cifras, marcos regulatorios y objetivos a largo plazo. Sin embargo, su verdadero alcance se mide también en una escala mucho más cercana. Es en los municipios donde los nuevos modelos productivos se convierten en empleo, actividad económica y oportunidades reales, o se quedan en una promesa difícil de aterrizar.

La economía circular ha ganado presencia en el debate público, aunque a menudo se presenta como un concepto abstracto. Más allá de su dimensión ambiental, se trata de un enfoque que, cuando se aplica con criterio industrial, puede generar valor económico, fomentar la especialización y reforzar el tejido productivo local. No como una solución genérica, sino como una actividad concreta que se integra en la vida económica de los territorios.

Uno de los ámbitos donde este planteamiento resulta más evidente es la gestión de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Es un sector poco visible para el gran público, pero esencial en un contexto marcado por el consumo tecnológico y la necesidad de recuperar materiales cada vez más valiosos. Su desarrollo exige procesos complejos, personal cualificado y una organización precisa, pero también permite implantarse en municipios de distinto tamaño sin recurrir a grandes infraestructuras ni a modelos difíciles de sostener.

Cuando este tipo de actividad se establece en un municipio, el impacto no se limita al tratamiento de residuos. Aparecen empleos estables, se crean perfiles técnicos específicos y se abren trayectorias profesionales que antes no existían en el entorno. En muchos casos, estas oportunidades suponen una alternativa real para fijar población y ofrecer salidas laborales ligadas a la industria, incluso en zonas con escasas opciones productivas.

Lobón, en la provincia de Badajoz, es un ejemplo ilustrativo. Con 2.734 habitantes, este municipio acoge una planta de reciclaje electrónico que emplea a 54 personas. La cifra adquiere relevancia si se observa en proporción al tamaño de la localidad. Además del empleo directo, la actividad ha favorecido la formación de perfiles técnicos vinculados a la gestión y valorización de residuos electrónicos, consolidando una base profesional con proyección y continuidad. 

En El Pont de Vilomara i Rocafort, en Barcelona, el contexto es distinto, pero el efecto es comparable. Con 4.139 habitantes, la planta ubicada en el municipio cuenta con 11 trabajadores. Aunque se trata de una estructura más reducida, su presencia sostiene actividad industrial compatible con el entorno y mantiene empleo técnico en una localidad donde cada puesto cualificado tiene un peso significativo. Este tipo de iniciativas contribuye, además, a una reindustrialización ligera que suma valor sin alterar el equilibrio territorial.

La Comunidad Valenciana ofrece otro ejemplo en Sollana. Con una población de 5.039 habitantes, la planta situada en el municipio emplea a 37 personas y opera con procesos de reciclaje avanzado. Este modelo combina responsabilidad ambiental y desarrollo económico, al tiempo que impulsa la creación de perfiles especializados en la recuperación de materiales. El resultado es una actividad integrada en la industria local, con capacidad para generar estabilidad en un sector en crecimiento.

Estos casos comparten una misma lógica. La economía circular, aplicada de forma práctica y con vocación de permanencia, puede convertirse en un motor de empleo y especialización. No sustituye otros sectores ni resuelve por sí sola los desafíos territoriales, pero sí aporta diversificación económica y refuerza la resiliencia de los municipios donde se implanta.

En este contexto, empresas como Movilex desarrollan proyectos en colaboración con administraciones autonómicas y ayuntamientos, integrando la gestión responsable de residuos con políticas de empleo y formación. Esta cooperación resulta clave para que las iniciativas encajen en la realidad local y generen beneficios sostenidos en el tiempo, tanto económicos como sociales.

Mirar la sostenibilidad desde el territorio implica cambiar el foco. Significa dejar de hablar únicamente de objetivos globales y empezar a medir el impacto en términos de empleo, capacitación y actividad productiva. Cuando la economía circular se traduce en oportunidades que se quedan en el municipio, deja de ser un concepto lejano para convertirse en una herramienta tangible de desarrollo.

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