El 25 % de las emisiones industriales pueden reducirse con medidas que contribuyan a la rentabilidad de las empresas
Tras los compromisos radicales y el establecimiento de objetivos ambiciosos en 2021 y 2022, en los últimos dos años la sostenibilidad había bajado en la lista de prioridades de los CEO, y a la par los retos para cumplirla se hacían más patentes. Sin embargo, la CEO Sustainability Guide de Bain & Company apunta que ahora el descenso de la sostenibilidad en la lista de prioridades de los directores generales está tocando fondo.
Tras analizar más de 35.000 declaraciones realizadas por los CEO de 150 empresas líderes en 2018, 2022 y 2024, la herramienta Sustainability Pulse de Bain, basada en inteligencia artificial, identificó una clara evolución en la retórica de los CEO en cuanto a sostenibilidad. En 2018, la mayoría de los directores ejecutivos se centraban en el cumplimiento normativo y en hacer el bien a la sociedad. En cambio, los directores ejecutivos de hoy han pasado del valor moral al valor empresarial, alineando la sostenibilidad con los riesgos empresariales fundamentales y las realidades operativas, como los costes, los clientes, los movimientos comerciales y las inversiones de capital.
A pesar de este cambio de enfoque en su retórica pública, las empresas han seguido actuando y comprometiéndose firmemente en materia de sostenibilidad. Sin embargo, en la actualidad, solo el 32% de los ejecutivos del sector energético espera alcanzar el objetivo de cero emisiones netas para 2050, frente a casi el 40% del año pasado. Alrededor del 44% prevé que el objetivo de cero emisiones netas no se alcanzará hasta 2070 o más tarde, frente a menos de un tercio en 2024. Es probable que continúe esta tensión entre el ritmo de cambio de los proveedores de energía upstream y las ambiciones de sus clientes downstream.
Ante ello, la guía de Bain & Company propone a las empresas tres estrategias:
Acelerar los ámbitos en los que el impacto sostenible y el valor empresarial ya están alineados
En solo cinco años, el ciclo de planificación habitual de un director ejecutivo, vencerán los objetivos de sostenibilidad para 2030. La buena noticia es que muchas de las estrategias o palancas necesarias para alcanzar esos objetivos ya están disponibles y aportan valor empresarial.
Para cuantificar la parte de las emisiones globales que se puede reducir de forma rentable y el coste que ello supone, Bain ha analizado las palancas de descarbonización aplicadas en 14 sectores, representativos de dos tercios de las emisiones globales. Según los resultados, las palancas que ya tienen un retorno de la inversión positivo pueden reducir el 25% de las emisiones globales de CO₂, aunque habrá que tener en cuenta las características y oportunidades concretas de cada empresa y del sector al que pertenecen.
En palabras de Ignacio Otero, socio director de Bain & Company Iberia: “La mayoría de las organizaciones tienen una buena percepción de las iniciativas que aportan tanto sostenibilidad como resultados financieros. Algunas mejoran la eficiencia energética, mientras que otras crean diseños circulares o apoyan la localización de la cadena de suministro. Lo importante no son las estrategias concretas elegidas, sino que, sean estas las que sean, las empresas deben ampliar y acelerar estas palancas de alto retorno de la inversión e incorporarlas a su toma de decisiones habitual”.
Anticiparse a los próximos cambios en las políticas, la tecnología y el comportamiento de los clientes
En segundo lugar, Bain & Company propone a las empresas anticiparse a lo que está por venir. Según sus cálculos, se puede reducir un 32% adicional de las emisiones con palancas de descarbonización que tienen el potencial de generar un retorno de la inversión positivo a medio plazo: es el caso de las baterías en China o el hidrógeno verde en Oriente Medio. La velocidad a la que avancen estas palancas vendrá determinada por tres fuerzas: la política, la tecnología y el comportamiento de los clientes.
Este año, de los tres factores, las políticas regionales divergentes han sido las protagonistas. Estados Unidos está revirtiendo la Ley de Reducción de la Inflación, incluidas disposiciones medioambientales clave. La UE está flexibilizando las regulaciones de sostenibilidad con el acuerdo Ómnibus. Por el contrario, algunas de las economías de más rápido crecimiento del mundo están utilizando cada vez más las industrias orientadas a la transición como piedra angular de su política industrial. Estos países invierten en industrias sostenibles con el fin de hacer crecer sus economías, aumentar la seguridad energética y construir poder geopolítico. A través de directrices reguladoras, cadenas de suministro estrictamente controladas y acceso a materias primas críticas, estos países aceleran el desarrollo tecnológico y los puntos de inflexión.
“Para anticiparse y sacar partido de estos nuevos puntos de inflexión, las empresas deben dar prioridad a la previsión del futuro, a la detección temprana de señales y a la rápida ampliación. Han de estar preparadas para actuar con rapidez a medida que cambian las dinámicas, se modifican las curvas de costes y surgen nuevas fuentes de beneficios. Es importante mantener la flexibilidad, ya que los costes tecnológicos rara vez caen en línea recta”, señala Otero. “El coste nivelado de la energía solar a escala industrial, por ejemplo, se ha desplomado desde 2010, mucho más rápido de lo previsto. Como resultado, la adopción ha sido más rápida de lo esperado, lo que ha trastocado el sector y ha sorprendido a muchas empresas”, añade.
Construir un (eco)sistema robusto que se doblegue, pero no se rompa
Es probable que las palancas restantes, que cubren aproximadamente un 43% de las emisiones, sigan teniendo un retorno de la inversión negativo más allá de 2050, por lo que los CEO deben preparar a sus organizaciones para un mundo de disrupciones aceleradas, desde el cambio climático hasta los reajustes geopolíticos y los avances tecnológicos. Para tener éxito, las empresas deben ser más resilientes y robustas.
En el modelo corporativo predominante, la optimización a menudo elimina el margen de maniobra. Los sistemas hiper eficientes y las cadenas de suministro optimizadas, aunque valiosos en entornos estables, suelen ser frágiles en entornos volátiles. Sin embargo, la experiencia demuestra que las supuestas «ineficiencias» pueden actuar como amortiguadores y permiten una mayor resiliencia a largo plazo.
El estudio de Bain & Company señala que el reto para los CEO actuales es equilibrar las necesidades de eficiencia de costes a corto plazo con la solidez a largo plazo. Las organizaciones sólidas convertirán la resiliencia en un principio de diseño, creando redundancia en el suministro para limitar su exposición a condiciones extremas en regiones específicas. Además, las decisiones de las grandes empresas influirán en las de su entorno, por lo que la solidez del ecosistema empresarial es también un factor imprescindible a tener en cuenta.
“Dominar los sistemas de detección en tiempo real para anticiparse y responder rápidamente a las condiciones cambiantes; mantener una amplia cartera de palancas climáticas, incluso aquellas que aún no tienen un retorno de la inversión positivo, y estar preparados para activarlas cuando cambien las condiciones parecen ser las claves del éxito en un ecosistema político y tecnológico cambiante y volátil. Con los objetivos para 2030 ya visibles en el horizonte, la sostenibilidad ha pasado de ser una aspiración a ser una realidad”, concluye Ignacio Otero.
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